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La historia reciente de la Hermandad del Prendimiento no puede entenderse sin atender al proceso de gestación, construcción y transformación de su Casa Hermandad. Más allá de su función como sede, este espacio se ha consolidado como un símbolo de identidad, esfuerzo colectivo y adaptación constante a las necesidades de cada época.
Una visión de futuro
El punto de partida de este proceso se sitúa en el año 1971, cuando Cresencio Andrés Miranda Serrano asumió el cargo de hermano mayor. Durante su mandato, la Hermandad experimentó un renovado impulso que se tradujo en decisiones estratégicas de gran trascendencia. Entre ellas, destaca la promoción de un almacén en los terrenos de la Escuela de Formación Profesional Francisco Franco, destinado a albergar los tronos.
Aunque concebida inicialmente como una solución funcional, esta infraestructura acabaría desempeñando un papel clave en el desarrollo posterior de la Hermandad, al sentar las bases de lo que años más tarde sería la futura Casa Hermandad.

El anhelo de una sede propia
A finales de la década de 1970, la Hermandad ya manifestaba de forma clara su aspiración de contar con un espacio propio. En abril de 1979, una entrevista publicada en el diario Sur recogía este deseo, expresado por el entonces hermano mayor, Antonio Ruiz Cortés.
Los locales de los que disponía la Hermandad en el barrio de Capuchinos resultaban insuficientes tanto para la convivencia de los hermanos como para la adecuada conservación del patrimonio. A ello se sumaba una dificultad práctica significativa: las dimensiones de los tronos obligaban a instalar un tinglao para poder realizar la salida procesional cada Domingo de Ramos, una circunstancia que evidenciaba la necesidad urgente de una solución definitiva.
Una oportunidad marcada por el contexto urbano
La solución llegó en un contexto inesperado. A comienzos de la década de 1980, la ciudad de Málaga experimentó importantes transformaciones urbanísticas con motivo de la celebración del Mundial de Fútbol de 1982. Las obras del nuevo puente de la Rosaleda y la reordenación viaria en torno al estadio provocaron la expropiación de terrenos de la Escuela de Formación Profesional, donde se encontraba el almacén utilizado por la Hermandad.
Esta circunstancia, en principio adversa, se convirtió en una oportunidad. En mayo de 1981, bajo el mandato de Pedro Gallego como hermano mayor, se iniciaron las gestiones para encontrar una alternativa que resolviera la ubicación de los tronos y, al mismo tiempo, permitiera materializar el antiguo anhelo de una Casa Hermandad dentro del propio barrio.
Cesión del solar y comienzo de las obras
Tras intensas gestiones, el 3 de marzo de 1982 se alcanzó un acuerdo clave en una reunión entre el Ayuntamiento, la empresa constructora y la Hermandad. El consistorio cedió un solar en la calle San Millán, mientras que la empresa Construcciones Vera aportó una cantidad económica de 1.500.000 pesetas para iniciar la construcción.
Poco después, el 4 de abril de ese mismo año, coincidiendo con el traslado de las imágenes a sus tronos procesionales, se colocó la primera piedra de la Casa Hermandad. Este acto marcó el inicio de un proyecto largamente esperado.
El diseño del edificio fue obra del arquitecto Francisco de Asís Gamboa de Coín, quien donó el proyecto de manera altruista. Entre las soluciones más destacadas del diseño se encontraba la incorporación de una doble puerta con hojas plegables, ideada para facilitar la salida de los tronos desde el interior, optimizando así las limitadas dimensiones del solar.
En el desarrollo del proyecto colaboraron estrechamente diversos miembros de la Hermandad, como Joaquín Durán Guzmán y Pedro Gallego Sanchís, quienes contribuyeron con ideas sobre la distribución del espacio y gestionaron aportaciones de materiales y equipamiento.

El esfuerzo colectivo como motor
La construcción de la Casa Hermandad constituye uno de los episodios más significativos en la historia de la corporación por el enorme esfuerzo colectivo que implicó. Ante la escasez de recursos económicos, miembros de la Junta de Gobierno y numerosos familiares asumieron tareas propias de la construcción, desempeñando labores de albañilería, electricidad o fontanería.
Además, se movilizó una red de colaboración que permitió obtener materiales y recursos. Destaca la donación de rasillones por parte del presidente de la Agrupación de Cofradías, Francisco Toledo Gómez, así como la aportación de solería por Francisco Vera. Igualmente, la empresa Construcciones Odesa facilitó la ejecución de la cimentación.
Este esfuerzo conjunto no solo permitió culminar la obra, sino que reforzó el sentido de pertenencia y unión entre los hermanos.

Bendición e inauguración
Tras tres años de trabajos, el edificio fue finalmente bendecido el 30 de marzo de 1985, Sábado de Pasión. El acto estuvo presidido por el párroco Alfonso Rosales Trujillo, director espiritual de la Hermandad, y contó con la presencia de diversas autoridades civiles y religiosas.
La inauguración de la Casa Hermandad supuso la culminación de una aspiración histórica y marcó el inicio de una nueva etapa. Desde entonces, el edificio se consolidó como lugar de encuentro, organización y convivencia, además de facilitar de manera definitiva la salida procesional de la corporación.

Crecimiento y enriquecimiento del espacio
Durante las décadas siguientes, la Casa Hermandad experimentó un proceso de crecimiento y mejora continua. Bajo el mandato de Jaime Gallego Sanchís como hermano mayor, se impulsaron diversas actuaciones destinadas a ampliar sus funciones y enriquecer su valor estético y simbólico.
En 1997 se incorporaron al salón de tronos una serie de vidrieras artísticas realizadas por Manuel Puyana. Estas composiciones, que representan distintas escenas y advocaciones, dotan al espacio de una dimensión simbólica al filtrar la luz natural, reforzando así la identidad devocional de la Hermandad.
Dos años más tarde, en 1999, se instalaron en una de las fachadas laterales dos mosaicos cerámicos con las imágenes titulares, realizados por Cerámica Santa Ana con pintura de Patricio Zabala García. Estas piezas contribuyen a proyectar hacia el exterior la iconografía propia de la corporación.

Ampliación de dependencias
El crecimiento de la Hermandad y el desarrollo de nuevas iniciativas, como el Taller de Empleo, hicieron necesaria la ampliación de sus instalaciones. En el año 2000, tras la aprobación en cabildo extraordinario, se adquirieron nuevos locales en la calle Arapiles.
Este proceso de expansión se consolidó en 2003 con la adquisición de otros espacios anexos al salón de tronos, lo que permitió mejorar especialmente el funcionamiento del departamento de albacería y optimizar la organización interna.

Nuevos usos y apertura social
En 2013, Salvador Pozo Sánchez como hermano mayor, se acometieron importantes reformas que afectaron a espacios anteriormente ocupados por el Taller de Empleo. Estas dependencias fueron reconvertidas en un salón de usos múltiples con capacidad para un centenar de personas, equipado con cocina para la celebración de actividades.
Esta transformación supuso una apertura hacia funciones de carácter social, reforzada en 2014 con la inauguración del humero cofrade “Los tres faroles”, concebido como un espacio de convivencia que amplía la proyección comunitaria de la Hermandad.

La gran transformación del siglo XXI
Entre 2014 y 2015 se llevó a cabo una profunda reforma integral de la Casa Hermandad, orientada a adaptar el edificio a nuevas necesidades y a dotarlo de una mayor proyección cultural y patrimonial.
El proyecto contempló la remodelación completa de la fachada, inspirada en la arquitectura renacentista malagueña del siglo XVI, así como la reorganización de los espacios interiores. Esta intervención no se limitó a una mejora estética, sino que respondió a una estrategia clara: convertir la sede en un espacio capaz de conservar, exponer y difundir el patrimonio de la Hermandad.
Reorganización y nuevos espacios expositivos
Como paso previo a la reforma, las dependencias administrativas fueron trasladadas a los locales de la calle Arapiles. Este cambio permitió liberar el edificio principal, que pasó a centrarse en funciones representativas y expositivas.
La primera planta fue concebida como un espacio diáfano destinado a albergar de forma permanente el patrimonio, configurándose como un museo. Paralelamente, se realizaron importantes trabajos en el salón de tronos, incluyendo la construcción de una balconada interior y la renovación de instalaciones eléctricas y de iluminación.
Entre los elementos más destacados de esta intervención se encuentra el mural artístico realizado por Manuel Higueras, que aporta un nuevo valor estético al conjunto.

Culminación del proyecto
La reforma culminó en 2015 con la presentación pública del mural en el Palacio Episcopal y la inauguración oficial de la Casa Hermandad rehabilitada y su nuevo museo. Este acto coincidió con el 90º aniversario fundacional de la corporación, reforzando su significado simbólico.
Desde ese momento, el edificio se abrió al público, permitiendo contemplar de forma adecuada el conjunto de enseres y el ajuar procesional, y consolidándose como un espacio cultural además de religioso.
Accesibilidad y modernización
A pesar de los avances logrados, la adaptación del edificio a criterios de accesibilidad quedó pendiente hasta años más tarde. Las limitaciones estructurales del inmueble planteaban importantes desafíos técnicos, especialmente para la instalación de un ascensor.
Finalmente, gracias al respaldo institucional y a la concesión de una subvención en 2020 por parte del Instituto Municipal de la Vivienda, se pudo llevar a cabo esta intervención. El nuevo sistema de elevación, integrado en la fachada, se complementó con la instalación de una rampa de acceso.
Inauguración de la remodelación
La culminación de este proceso tuvo lugar el 22 de marzo de 2024, durante la legislatura de Juan Manuel Gutiérrez, con la inauguración de las nuevas instalaciones. La intervención incluyó, además del ascensor, la reorganización de espacios y la mejora de elementos como la escalera y la solería del salón de tronos.
El proyecto permitió habilitar nuevas áreas, como el mirador accesible al salón de tronos y la terraza “Las 30 monedas”, concebida como espacio de convivencia.

Un espacio vivo en la ciudad
En la actualidad, la Casa Hermandad forma parte de iniciativas como Málaga Nazarena, un plan de itinerarios urbanos que pone en valor el patrimonio cofrade de la ciudad.
De este modo, el edificio no solo cumple su función tradicional como sede y punto de salida procesional, sino que se ha convertido en un espacio abierto, representativo y plenamente integrado en el contexto cultural y urbano de Málaga.
Tradición y futuro
La evolución de la Casa Hermandad del Prendimiento es el reflejo de una historia marcada por la constancia, la colaboración y la capacidad de adaptación. Desde los primeros proyectos hasta las más recientes intervenciones, cada etapa ha contribuido a consolidar un espacio que es, al mismo tiempo, memoria y futuro.
Hoy, la Casa Hermandad no es solo un edificio: es el resultado de generaciones de hermanos que, con esfuerzo y compromiso, han sabido construir y preservar un lugar donde la fe, la tradición y la convivencia continúan proyectándose hacia el futuro.