Trono del Cristo

separador

Trono procesional de Nuestro Padre Jesús del Prendimiento

En 1961 se tomó la decisión de acometer la realización de la obra que hoy posee la Hermandad, constituyendo uno de sus mayores logros artísticos. El proyecto fue encargado a Juan Caselles del Nido, quien diseñó este altar procesional y confió su ejecución a uno de los talleres más destacados de la época en el ámbito de la orfebrería cofrade: Villarreal, en Sevilla.

La obra quedó concluida en 1965. Posteriormente, ha sido objeto de cuatro intervenciones de restauración: en 1975 a comienzos de la década de 1990, en 2005 y en 2025.

Estructura y características formales

El conjunto presenta una planta rectangular con unas proporciones equilibradas: 451 centímetros de longitud, 349 de anchura y 74 de altura en su cajillo. Está realizado íntegramente en alpaca plateada y responde a una estética neobarroca, en la que se integran también elementos de tradición oriental y renacentista, especialmente visibles en las bases de los arbotantes.

Desde el punto de vista formal, la pieza se caracteriza por un perfil mixtilíneo, resultado de la combinación de paños rectos con molduras aboceladas de distinto radio. Estas molduras actúan como líneas de imposta, configurando un conjunto de gran complejidad técnica. La superficie se cubre con una densa decoración vegetal y geométrica, alternando zonas caladas con otras macizas, lo que genera ricos efectos de claroscuro.

El borde superior se remata con una elegante crestería que rompe la rigidez ortogonal del perímetro. Este efecto se ve reforzado por la presencia de capillas que articulan el conjunto como ejes compositivos, destacando por su volumen y proyección espacial.

Programa iconográfico

Las capillas albergan un conjunto iconográfico de temática mariana, martirial y hagiográfica, estrechamente vinculado tanto a la ciudad como a los orígenes de la cofradía. Las imágenes, realizadas en bulto redondo y también en alpaca plateada, fueron intervenidas en 2018 por Francisco Javier Molina Puertas, quien las policromó al óleo con técnicas que aportan transparencias al metal.

La disposición iconográfica responde a un esquema definido: en el frontal se sitúa la Virgen de la Victoria junto al heraldo de la Cofradía; en la parte trasera, Santa Teresa y el escudo de la ciudad; el lateral derecho está presidido por San Ciriaco y Santa Paula, patronos de Málaga; y el izquierdo por San Juan Bosco y San José.

Diseño arquitectónico de las capillas

Las seis capillas presentan claras afinidades con los frontispicios de libros y grabados de los siglos XVII y XVIII. Cada una de ellas está flanqueada por parejas de columnas cuyo tercio inferior, o himóscapo, se adorna con tarjas, mientras que el resto del fuste adopta forma salomónica.

Estas columnas sostienen un entablamento moldurado en sentido decreciente, rematado por una jarra abalaustrada que actúa como eje de un frontón quebrado con aletas de perfil avolutado. Todo el conjunto responde a una concepción escenográfica que refuerza el carácter de “retablo callejero” de la obra.

Elementos complementarios: arbotantes y cabezas de varal

Especial atención merecen los arbotantes angulares, concebidos como auténticos brazos de luz que enmarcan la escena. En sus bases se desarrolla el motivo ornamental característico del diseño de Caselles: seres mitológicos inspirados en el repertorio grotesco y renacentista, muy del gusto del autor.

Por otro lado, destacan las cabezas de varal, añadidas en 2003. Fueron diseñadas por el artista malagueño Eloy Téllez Carrión y realizadas en plata blanca por el Taller de Empleo de la cofradía, bajo la dirección de Alejandro Borrero. Estas piezas muestran un elaborado trabajo de cincelado y repujado, con un dinámico juego de curvas y contracurvas que acentúa su carácter barroquizante, en sintonía con el conjunto.

La última restauración

Entre los años 2024 y 2025, el conjunto ha sido objeto de una nueva intervención que ha modificado su perímetro. Se sustituyó el moldurón liso incorporado en la restauración de principios de la década de 1990 —cuando el trono pasó de seis a ocho varales— por otro repujado y cincelado en metal plateado. Esta nueva pieza se extendió además hacia la zona de los varales exteriores, lo que implicó una ampliación de la estructura interna.

La nueva moldura sigue las directrices estéticas del diseño original, con una decoración basada en roleos vegetales, guirnaldas, cartelas y medallones. Estos elementos han sido ejecutados mediante técnicas de repujado profundo y calado abierto, con el objetivo de mantener la coherencia estilística con la concepción primigenia del conjunto. Los trabajos se llevaron a cabo en el taller sevillano de Emilio Méndez y fueron supervisados por el área de Cultura de la Junta de Andalucía, al tratarse de una obra catalogada como bien de interés patrimonial.