Historia de la Hermandad

separador

Los orígenes

La Hermandad de Nuestro Padre Jesús del Prendimiento y María Santísima del Gran Perdón tuvo su origen en 1925, en el contexto de expansión que vivía la Semana Santa de Málaga tras la creación de la Agrupación de Cofradías en 1921. Como ocurre con muchas corporaciones de la época, la escasez de documentación conservada dificulta una reconstrucción completa de sus primeros años, siendo necesario recurrir a fuentes hemerográficas y testimonios indirectos.

La corporación estableció inicialmente su sede en el Santuario de Santa María de la Victoria, desde donde comenzaron a gestarse los primeros pasos de la Hermandad antes de su posterior traslado a la iglesia de Santo Domingo.

Desde sus inicios, la Hermandad mostró una notable capacidad organizativa, encargando al imaginero sevillano Antonio Castillo Lastrucci la realización de un grupo escultórico que representara el episodio evangélico del beso de Judas. 

Sin embargo, a pesar de estos avances, la corporación no llegó a consolidar su presencia en la Semana Santa malagueña ni a realizar estación de penitencia. Las dificultades internas y la fragilidad institucional de aquellos años limitaron su desarrollo.

El impulso definitivo de esta primera etapa vino de la mano de Amador Sanz Castro, cuya gestión permitió dotar a la Hermandad de cierta estabilidad. No obstante, este proceso quedó truncado por los sucesos de mayo de 1931, cuando los disturbios anticlericales provocaron el incendio de la iglesia de Santo Domingo y la destrucción total del patrimonio de la cofradía, incluido el grupo escultórico. Con ello se puso fin a esta primera etapa.

La reorganización y la identidad obrera

La Hermandad fue reorganizada en 1948 por iniciativa de un grupo formado por antiguos cofrades, asentadores del mercado y hombres de trono. Esta nueva etapa, impulsada por el obispo Ángel Herrera Oria, supuso no solo la recuperación de la corporación, sino también la configuración de una identidad propia estrechamente vinculada al mundo del trabajo.

Desde entonces, la Hermandad fue conocida popularmente como la «Hermandad de los trabajadores», denominación que reflejaba su base social y su carácter fundacional.

En la Cuaresma de 1949 se presentó el nuevo grupo escultórico realizado por el artista malagueño Pedro Pérez Hidalgo, siendo bendecido el Domingo de Ramos de ese mismo año. Esa misma jornada, la Hermandad realizó su primera salida procesional, iniciando así una nueva etapa en la historia cofrade de la ciudad.

Durante estos años, la corporación comenzó una estrecha relación con la Escuela de Formación Profesional «Francisco Franco», que desempeñó un papel fundamental en su desarrollo patrimonial y organizativo. Esta vinculación se consolidó con el acceso de su director, José Manuel Merelo Palau, al cargo de Hermano Mayor.

Traslado y consolidación en Capuchinos

En 1957 la Hermandad trasladó su sede canónica desde la parroquia del Carmen al barrio de Capuchinos, estableciéndose en la parroquia de Santa Teresa (Divina Pastora), donde permanece en la actualidad. Aunque no se conocen con exactitud las causas de este traslado, la proximidad a la Escuela de Formación Profesional debió de influir decisivamente.

La llegada de la imagen de María Santísima del Gran Perdón, realizada por Andrés Cabello Requena, marcó este proceso de cambio. La Virgen fue trasladada en un rosario de la aurora desde la Escuela hasta su nueva sede, en un acto multitudinario que evidenció el arraigo popular de la Hermandad.

Con este traslado se cerraba definitivamente la etapa perchelera y se iniciaba un periodo de consolidación en Capuchinos, caracterizado por un importante desarrollo patrimonial.

Renovación artística y crecimiento

Durante la década de 1960, la Hermandad experimentó un notable crecimiento artístico. En 1961 se bendijo la actual imagen de Nuestro Padre Jesús del Prendimiento, obra también de Castillo Lastrucci, iniciando así un proceso de renovación.

Paralelamente, se encargaron importantes proyectos al diseñador Juan Casielles del Nido, como el manto de la Virgen del Gran Perdón y un nuevo trono procesional para Jesús del Prendimiento. El manto, finalizado en 1964, se convirtió en una de las piezas más representativas del patrimonio cofrade malagueño.

En 1965 se estrenó el nuevo trono del Señor, realizado en los talleres Villarreal de Sevilla, consolidando el proceso de enriquecimiento patrimonial de la corporación.

Crisis y dificultades

La década de 1970 estuvo marcada por una profunda crisis que afectó tanto a la Hermandad como al conjunto de la Semana Santa malagueña. La falta de recursos económicos, la disminución de participación y los cambios sociales del momento pusieron en riesgo la continuidad de la corporación.

La gravedad de la situación se evidenció en 1971, cuando la Hermandad no pudo procesionar a María Santísima del Gran Perdón. En estos años, el principal objetivo fue mantener viva la institución, gracias al esfuerzo y compromiso de sus hermanos.

En medio de esta crisis, la elección de Cresencio Andrés Miranda Serrano como nuevo Hermano Mayor, marcó un punto de inflexión. Su perfil, que combinaba la pertenencia a la cofradía con responsabilidades en la estructura sindical, facilitó el acceso a mayores recursos materiales.

Gracias a este apoyo, la Hermandad pudo emprender proyectos relevantes, como el inicio del nuevo trono de la Virgen del Gran Perdón en 1974. Además, con una clara visión de futuro, promovió la construcción de un almacén en la Escuela Franco para guardar enseres y tronos, infraestructura que más adelante sería clave para la creación de la Casa Hermandad.

El resurgir y la renovación

La llegada de la década de 1980 supuso un punto de inflexión. La incorporación de jóvenes y la participación activa de la mujer impulsaron una profunda renovación interna.

En 1981 fue elegido Hermano Mayor Pedro Gallego Sanchís, quien lideró un proceso de reorganización que permitió modernizar la Hermandad, aumentar el número de hermanos y mejorar notablemente su patrimonio.

Uno de los hitos más importantes de esta etapa fue la construcción de la Casa Hermandad, iniciada en 1982 gracias al esfuerzo colectivo de los propios hermanos y finalizada en 1985.

Asimismo, en 1987 la Hermandad se convirtió en pionera al permitir la participación de mujeres en el traslado a los tronos procesionales, marcando un cambio significativo en el procesionismo malagueño.

Consolidación, acción social y proyección

Desde la década de 1990, la Hermandad ha experimentado un proceso de consolidación institucional y creciente proyección social.

Bajo el mandato de Jaime Gallego Sanchís se impulsaron nuevas líneas de actuación, destacando la creación de los Talleres de Empleo entre 2000 y 2008, que combinaron la formación laboral con la recuperación de oficios artesanales y el enriquecimiento del patrimonio de la corporación.

Entre los hitos más significativos de esta etapa destaca la participación en la Jornada Mundial de la Juventud de 2011 en Madrid, donde la imagen de Jesús del Prendimiento representó a la diócesis malagueña en el Vía Crucis presidido por el papa Benedicto XVI.

Tras el relevo en la dirección en 2012, la Hermandad inició una nueva etapa bajo el mandato de Salvador Pozo Sánchez, caracterizada por un decidido impulso a la acción social y a la modernización de la vida corporativa. Durante estos años se consolidaron iniciativas solidarias de amplio alcance, como las campañas de recogida de alimentos y apoyo escolar, al tiempo que se reforzaron los canales de comunicación mediante el desarrollo de la página web y la presencia en redes sociales.

En el plano patrimonial e institucional, su etapa se distinguió por la mejora de las infraestructuras de la Hermandad, con la reforma integral de la Casa Hermandad y la creación de nuevos espacios destinados tanto a la convivencia como a la proyección cultural, entre ellos el Museo Prendimiento. Asimismo, se fortalecieron los vínculos con entidades sociales y sanitarias, ampliando el compromiso de la corporación con su entorno.

Desde 2021, bajo el mandato de Juan Manuel Gutiérrez Cruz, la Hermandad ha continuado esta línea de crecimiento, afrontando una etapa marcada por la recuperación de la normalidad tras la pandemia y por la preparación de importantes efemérides, entre ellas el centenario fundacional. Su gestión se ha orientado a reforzar la participación de los hermanos, dinamizar la actividad cultural y social durante todo el año y mantener el equilibrio entre tradición y renovación.

En este periodo se han acometido también mejoras significativas en las instalaciones de la Casa Hermandad, con actuaciones orientadas a la accesibilidad y a la creación de nuevos espacios de convivencia, al tiempo que se ha continuado el proceso de puesta en valor del patrimonio artístico de la corporación.

La conmemoración, celebrada en 2025, supuso no solo la culminación simbólica de un siglo de historia, sino también una oportunidad para profundizar en la memoria de la Hermandad, revisar su trayectoria a la luz de nuevas investigaciones y proyectar su identidad hacia el futuro. Los actos organizados con motivo de esta efeméride reflejaron el grado de madurez institucional alcanzado, así como la capacidad de la corporación para integrar tradición, patrimonio y compromiso social.

En este contexto, la Hermandad reafirma en la actualidad los principios que han marcado su evolución histórica: la devoción a sus Sagrados Titulares, la vinculación con el mundo del trabajo que definió su reorganización y una creciente dimensión social adaptada a las necesidades de cada tiempo.