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Origen y evolución histórica del templo
La parroquia de la Divina Pastora y Santa Teresa tiene su origen en la primera mitad del siglo XVII, cuando los frailes capuchinos edificaron el templo sobre el cerro donde anteriormente se encontraba la ermita de Santa Brígida. La iglesia fue inaugurada en 1632 y, durante siglos, funcionó como templo conventual. No sería hasta 1950 cuando adquirió oficialmente la categoría de parroquia.
Un hito importante en su historia reciente se produjo en 1957, cuando la Hermandad del Prendimiento se estableció en el templo, ocupando un camarín situado en la nave de la epístola. Desde entonces, la parroquia se convirtió también en un espacio estrechamente vinculado a la vida cofrade y a la identidad del barrio de Capuchinos, cuya patrona es la Divina Pastora, titular del retablo mayor.

Arquitectura del edificio
La fachada del templo presenta una composición sobria y equilibrada, organizada como un rectángulo dividido horizontalmente por una imposta. En su parte inferior se abren tres arcos de medio punto con rejas y cancelas, siendo el central más amplio y constituyendo el acceso principal al atrio. La parte superior se articula en torno a una gran ventana adintelada, bajo la cual se dispone una hornacina con una escultura de la Inmaculada. El conjunto se remata con una espadaña de coronamiento triangular, dotada de balcón y pararrayos, que alberga las campanas en dos vanos adintelados.
El interior se organiza en tres naves longitudinales. La nave central, más alta y ancha, se cubre con bóveda de cañón dividida en tramos por arcos fajones, lo que permite una adecuada iluminación. Las naves laterales son más reducidas en longitud, debido a la presencia del coro bajo en el lado de la epístola y el acceso a la sacristía en el lado del evangelio.
En el testero se sitúa el retablo mayor, que acoge la imagen de la Divina Pastora, reforzando el carácter devocional del templo y su vinculación con el entorno.

La Hermandad del Prendimiento y su contexto
La llegada de la Hermandad del Prendimiento en 1957 marcó una nueva etapa en la historia de la parroquia. Desde su reorganización, la corporación mantuvo una estrecha relación con el mundo laboral, lo que se reflejó en su vinculación con la Escuela de Formación Francisco Franco. En 1955, el director de dicha institución fue nombrado Hermano Mayor Honorario, llegando a ejercer plenamente el cargo al año siguiente.
En ese contexto, la presencia en la escuela del escultor Andrés Cabello Requena resultó decisiva. Formado en Granada y posteriormente en Málaga, desarrolló una importante labor artística durante su etapa docente. En pocos años realizó para la Hermandad varias obras fundamentales: la imagen de María Santísima del Gran Perdón, su primer trono procesional, la Cruz Guía y el retablo destinado a acoger a los titulares.
Estas creaciones no solo respondían a necesidades devocionales, sino que contribuyeron a configurar la identidad artística de la Hermandad y a consolidar su patrimonio. De hecho, la conservación del retablo adquiere un valor especial, tanto por su significado histórico como por ser una de las escasas obras conservadas de su autor, figura destacada de la imaginería malagueña de posguerra.

El retablo de la Hermandad: características artísticas
El retablo que alberga a Nuestro Padre Jesús del Prendimiento y a María Santísima del Gran Perdón destaca por su valor artístico e histórico. Su diseño presenta similitudes con un retablo dieciochesco de la misma parroquia, lo que sugiere la intención de integrarlo armónicamente en su entorno.
Desde el punto de vista estilístico, responde a un barroco avanzado, caracterizado por el uso del dorado en elementos estructurales y decorativos, contrastando con fondos de tonalidad rojiza. Su estructura es relativamente sencilla: un banco, un cuerpo principal dividido en tres calles y un ático de escaso desarrollo.
El banco sostiene la mesa de altar y el sagrario, cuya puerta presenta el relieve del Cordero Pascual, símbolo eucarístico. La organización del retablo se articula mediante elementos sustentantes como estípites, que separan las distintas calles y aportan dinamismo a la composición.
Las calles laterales albergan hornacinas con pequeñas esculturas de ángeles, mientras que la calle central se convierte en el eje principal. En ella destacan las columnas salomónicas decoradas con motivos vegetales, que enmarcan un arco de medio punto que da acceso al camarín. Este espacio, de planta hexagonal y cubierto por segmentos de esfera, presenta una rica decoración interior basada en pilastras, cornisas y abundante hojarasca dorada.
El ático continúa esta dinámica compositiva, adaptándose a la bóveda del espacio y completando un conjunto en el que predominan las formas curvas, los relieves y los elementos decorativos propios del barroco.

Restauración y recuperación patrimonial
Entre 2017 y 2018, la parroquia fue objeto de una importante intervención de rehabilitación que permitió recuperar elementos decorativos de gran valor. Destaca especialmente el hallazgo de pinturas murales del siglo XVIII, que cubren buena parte del interior del templo.
Estas pinturas, que representan ángeles y motivos vegetales sobre fondo rojizo, decoran la bóveda de la capilla donde se sitúa la Cofradía del Prendimiento. Su recuperación ha convertido al templo en un caso singular dentro de la ciudad, al conservar un conjunto de decoración barroca mural poco frecuente en otros edificios.
Esta última intervención no solo ha permitido rescatar un patrimonio artístico oculto durante siglos, sino que ha contribuido a revalorizar el conjunto del templo, reforzando su importancia histórica, artística y devocional dentro del contexto urbano.
