Trono de la Virgen

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Trono procesional de María Santísima del Gran Perdón

El trono de María Santísima del Gran Perdón, que procesiona cada Domingo de Ramos, constituye una de las obras más destacadas del diseñador malagueño Juan Casielles del Nido. Estrenado en la Semana Santa de 1974, ha sido considerado desde entonces una pieza especialmente significativa dentro de su producción artística.

Desde sus inicios, la obra estuvo condicionada por diversas dificultades que afectaron tanto a su ejecución como a su desarrollo posterior. En el momento de su estreno, el trono se presentó únicamente en su parte frontal, lo que evidenciaba ya las limitaciones que pesaban sobre el proyecto. No fue hasta el año siguiente, 1975, cuando se completaron los laterales y la parte trasera, avanzando así en su configuración estructural básica.

A pesar de estos avances iniciales, el trono quedó lejos de alcanzar la ejecución completa. Las dificultades económicas de la época, unidas a la muerte de su diseñador años después, impidieron la realización de numerosos elementos esenciales, entre ellos las barras de palio, los arbotantes, las ánforas o la peana, como un todo que dotara de unidad al conjunto.

Como consecuencia, durante las décadas de 1980 y 1990 el trono fue configurándose de manera progresiva pero incompleta, reflejando tanto las limitaciones materiales como las circunstancias adversas que rodearon su creación. Ya entrado el siglo XXI, se acometió un nuevo proyecto orientado a sustituir los elementos inconexos que se habían ido incorporando al cajillo, con el objetivo de dotar al conjunto de una mayor coherencia estética y estructural.

Un diseño innovador dentro de la obra de Casielles

El trono del Gran Perdón se inscribe dentro del conjunto más selecto de creaciones de Casielles por su carácter innovador, al romper con la tónica general de su diseño habitual, inspirado en los pasos de palio sevillanos caracterizados por paneles de orfebrería secuenciados por capillas. Frente a este esquema, presenta una concepción más dinámica y arriesgada, plenamente alineada con la identidad de los tronos procesionales malagueños. Su composición se define por una marcada sinuosidad, resultado de la combinación de líneas cóncavas y convexas que generan un efecto visual fluido y en constante movimiento. Destaca especialmente el denominado corte «de pecho de paloma», que introduce un abultamiento en la estructura, aportando volumen y reforzando ese dinamismo general.

La obra alcanza unas dimensiones de 430 centímetros de longitud, 378 centímetros de anchura y 90 centímetros de altura, sobresaliendo por contar con uno de los cajillos más altos entre los tronos de Virgen, lo que acentúa su carácter monumental. Esta envergadura llevó a Casielles a duplicar ciertos recursos compositivos, adaptándolos a la escala de la pieza. Con el fin de evitar la monotonía de las amplias superficies, incorporó grandes volutas o resaltes propios de la platería, que fragmentan visualmente el cajillo y contribuyen a dinamizar el conjunto. La combinación de estos elementos curvos con otros de carácter arquitectónico refuerza la sensación de movimiento continuo que define toda la estructura.

La riqueza formal se completa con un elaborado programa simbólico en las esquinas, donde se disponen águilas bicéfalas que sostienen tarjas con representaciones de las letanías del rosario. Estas se distribuyen de forma significativa: en el frontal izquierdo, la Puerta del Cielo, representada mediante la entrada principal de la Catedral de Málaga; en el frontal derecho, la Torre de Marfil, identificada con la alcubilla situada entre la carrera de Capuchinos y la calle los Postigos; en la trasera derecha, el Arca de la Alianza; y en la trasera izquierda, el Vaso de Devoción, materializado en una reproducción del cáliz del párroco Alfonso Rosales Trujillo, quien fuera director espiritual de la hermandad durante tres décadas.

Arquitectura barroca y programa iconográfico del cajillo

Unas ménsulas estilizadas actúan como nexo entre el baquetón inferior y el superior, generando una transición fluida entre los distintos niveles. Sobre estos ejes se abren grandes capillas de marcada monumentalidad, concebidas como auténticas portadas-retablo que evocan el barroco más triunfalista. Se organizan mediante parejas de columnas de fuste abalaustrado que sostienen un entablamento de acusado dinamismo, capaz incluso de quebrar la línea superior de imposta.

La proyección hacia el exterior de estas capillas resulta especialmente llamativa, al configurarse como piezas casi exentas que se integran en la línea alabeada de los paños, generando un rico juego de volúmenes. Su disposición —una capilla frontal y dos en cada lateral— responde a un esquema equilibrado y cuidadosamente estudiado: en los lados, cada una se sitúa aproximadamente a un tercio de la longitud, creando un ritmo visual que evita la rigidez y aporta armonía al conjunto.

En la capilla principal del frontal se sitúa la imagen de la Divina Pastora de las Almas, titular de la sede canónica de la corporación. La talla fue realizada en 2020 por el imaginero Miguel Ángel Domínguez, mientras que su policromía actual y vestiduras corresponden a Eduardo García, dotándola de una intensa presencia devocional.

En los paños laterales se desarrolla un programa iconográfico centrado en la vida de la Virgen María. Las esculturas, talladas en madera de cedro por Eduardo García en 2025, se inscriben dentro del neobarroco andaluz contemporáneo y presentan acabados propios de la tradición barroca, como el dorado al agua y el temple estofado. Esta técnica permite una notable riqueza ornamental en los ropajes, decorados con motivos vegetales y geométricos, mientras que los atributos han sido realizados por los Talleres de orfebrería Villarreal.

Desde el punto de vista compositivo, cada grupo escultórico combina un equilibrio cuidadosamente medido con un acusado dinamismo. El tratamiento anatómico, de carácter realista, se ve reforzado por la disposición de los cuerpos, el movimiento de los paños y la interacción gestual entre las figuras. El programa iconográfico se articula en torno a cuatro episodios fundamentales —la Encarnación, el Niño perdido y hallado en el templo, la Piedad y la Coronación de la Virgen—, configurando un recorrido narrativo que abarca desde el anuncio hasta la glorificación de María como Reina del Cielo.

Evolución estructural y reformas contemporáneas

Durante la década de 1980 se llevó a cabo una modificación significativa en la estructura del trono, consistente en la ampliación de seis a ocho varales. Esta intervención implicó también un cambio en el sistema de sustentación del cajillo, que pasó a apoyarse sobre una bandeja de chapa rematada con una pequeña moldura en forma de cuerda. Aunque funcional, esta solución resultaba estéticamente poco acorde con el conjunto, generando un desequilibrio visual.

Para corregir esta disonancia, en 2019 se diseñó y ejecutó un moldurón inspirado en los dibujos originales del trono. Esta pieza incorpora ocho cartelas: tres en cada lateral y dos en el frontal. En el lateral izquierdo se representan los escudos de las tres sedes religiosas del barrio de Capuchinos (Pastora, Salesianos y Hermanas Hospitalarias), mientras que en el lateral derecho aparecen los emblemas de tres sedes históricas de la cofradía (dominicos, Carmelo y Divina Pastora). En el frontal se incluyen el escudo de la Diócesis de Málaga y el del cardenal Herrera Oria, figura clave en la reorganización de la cofradía en 1948.

Encuentro de manos y culminación del proyecto

A comienzos del siglo XXI confluyeron las trayectorias de Emilio Méndez y Eloy Téllez en la culminación del trono. Méndez, que ya había trabajado en los talleres de Villarreal en los años setenta, participó en la elaboración del cajillo, siendo responsable de numerosas piezas aún conservadas. Por su parte, Eloy Téllez, discípulo de Casielles, asumió la reinterpretación del diseño original de su maestro.

La conjunción de ambos —uno desde la ejecución material y otro desde la continuidad conceptual— permitió dar forma definitiva al conjunto.

Las barras de palio

En 2005 se incorporaron las barras de palio, diseñadas por Eloy Téllez Carrión y realizadas por el taller de Emilio Méndez. Estas piezas, fundamentales tanto estructural como artísticamente, están ejecutadas en metal cincelado y repujado.

Su base presenta una estructura cóncavo-convexa con formas gallonadas, óvalos a modo de escusones, volutas rematadas en perinolas y cabezas de querubines. Destaca la presencia de dragones sinuosos que flanquean un tramo decorado con acantos, unidos por una guirnalda.

El desarrollo vertical se organiza en varios tramos: un primer segmento con decoración vegetal y geométrica; un segundo más sobrio, con hojas de acanto, nudos y colgaduras; y un remate final en forma de perinola llameante.

El palio

Entre 2002 y 2007 se ejecutó el palio, diseñado por Eloy Téllez y realizado por las alumnas del Taller de Empleo Cofradía del Prendimiento bajo la dirección de José Miguel Moreno Ruiz. Su culminación tuvo lugar en 2007, completándose en 2008 con las figuras de la gloria realizadas por Juan Manuel García Palomo.

El diseño se inspira en el lenguaje de Casielles, con un entramado de hojas vegetales, palmetas y dragones afrontados. La composición se basa en la simetría y en un complejo juego de curvas y contracurvas que generan dinamismo.

Las bambalinas presentan un perfil ondulado, con una greca inferior de transición. Combinándose oro y sedas sobre terciopelo azul, extendiéndose este lenguaje al techo del palio que alberga una gloria central de forma mixtilínea en la que se representa la Sagrada Familia sobre un paisaje idealizado, con la presencia de Dios Padre y el Espíritu Santo. La escena se enmarca mediante elementos como querubines, hojas y motivos de rocalla, destacando por su riqueza cromática.

En 2019 se restauró el techo de palio y se incorporó un sobrepalio que reproduce exteriormente su diseño interior.

Iluminación del trono

La iluminación constituye un conjunto unitario formado por candelería y arbotantes. La candelería, realizada en 2007 por el taller de Emilio Méndez, consta de 88 piezas distribuidas en ocho modelos y alturas entre 35 y 105 centímetros, generando una línea sinuosa.

Cada pieza presenta pie triangular, fuste abalaustrado y mechero, destacando la ausencia de plato para mantener la fluidez visual.

Los arbotantes, diseñados por Téllez y ejecutados en 2016, alcanzan unos 2,60 metros de altura. Su estructura central de unos 20 centímetros de diámetro sostiene 24 brazos distribuidos en cinco alturas, cada uno rematado con tulipas de cristal. Incorporan motivos vegetales, querubines, guirnaldas y dragones, y están considerados una de las obras más destacadas del taller de Emilio Méndez hasta la fecha.

Ánforas y cráteras

El exorno floral se dispone en ánforas y cráteras de metal plateado estrenadas en 2007. Las ánforas —ocho laterales y seis frontales— presentan perfiles sinuosos y asas en forma de grifos alados.

Las cráteras, situadas en los laterales como ejes de simetría, destacan por sus asas con querubines y por su refinado juego de curvas. Ambos elementos comparten un repertorio ornamental basado en guirnaldas, cabezas de querubines y figuras fantásticas.

Cabezas de varal

Entre 2005 y 2007 se realizaron las cabezas de varal por los alumnos del Taller de Empleo Cofradía del Prendimiento bajo la dirección de Alejandro Borrero. Inspiradas en modelos realizados por Andrés Cabello Requena en 1960 para el trono original de María Santísima del Gran Perdón, reproducen en metal recursos propios de la madera tallada.

Su gran proyección en altura y su compleja articulación de curvas generan un efecto visual de enorme expresividad, descrito como un auténtico “delirio” de volúmenes.

Una obra de síntesis artística

El trono de María Santísima del Gran Perdón se presenta como una obra compleja y profundamente original, resultado de la intervención de numerosos talleres y artesanos a lo largo de varias décadas. Esta pluralidad de manos, lejos de fragmentar el conjunto, ha sido acrisolada bajo un mismo concepto artístico.

Se trata de un proceso continuo de creación y perfeccionamiento, especialmente intenso en las dos últimas décadas, que ha dado como resultado una estampa singular cada Domingo de Ramos. En ella se evidencia el necesario maridaje entre las distintas artes —diseño, orfebrería, imaginería y bordado— que confluyen en una de las propuestas más dinámicas y monumentales de la Semana Santa malagueña.