Entre los muchos espacios de devoción que han formado parte de la historia de Santo Domingo, existe uno especialmente significativo para la Hermandad del Prendimiento: la capilla en la que fue bendecida la primitiva imagen de Nuestro Padre Jesús del Prendimiento. Lo que muchos desconocen es que aquel lugar ya contaba con una profunda tradición devocional antes de la llegada de la corporación, pues desde comienzos del siglo XVIII había estado vinculado al culto de la Virgen de la Esperanza. La documentación facilitada por la Archicofradía del Paso y la Esperanza nos permite hoy recuperar la memoria de este espacio, fundamental para comprender los primeros años de vida de la Hermandad del Prendimiento y la historia compartida de Santo Domingo.

La corporación, fundada en 1925 en el Santuario de Santa María de la Victoria, trasladó su sede poco tiempo después al templo dominico. Impulsada por el entusiasmo de sus hermanos y por el auge que experimentaba la Semana Santa malagueña durante la década de 1920, emprendió el proyecto de acondicionar un espacio propio donde recibir culto. Para hacerlo posible se organizó una cuestación popular en la que participaron numerosos devotos y destacadas personalidades de la sociedad malagueña, dejando constancia de sus aportaciones en un libro de firmas que hoy constituye un valioso testimonio de aquella iniciativa colectiva.
La capilla se encontraba en la nave del Evangelio de Santo Domingo, junto a la cabecera del templo. Aunque de dimensiones reducidas, fue cuidadosamente transformada hasta convertirse en un digno y recogido espacio de culto. Un modesto retablo de estilo renacentista, coronado por el escudo de la corporación y enriquecido con elementos decorativos y pinturas que ampliaban visualmente el espacio, acogió al primer grupo escultórico del Prendimiento realizado por Antonio Castillo Lastrucci.
No obstante, aquella disposición no estaba concebida como definitiva. La Hermandad proyectaba, a más largo plazo, la construcción de un retablo de carácter barroco que armonizara con los existentes en el templo dominico, un proyecto que nunca llegó a ejecutarse y que acabaría viéndose definitivamente truncado por los dramáticos acontecimientos que pocos años después sacudirían la ciudad.
Aquel esfuerzo encontró su momento culminante el 9 de enero de 1927. Ese día, la iglesia de Santo Domingo acogió la bendición de Nuestro Padre Jesús del Prendimiento en una solemne ceremonia que reunió a autoridades religiosas y civiles, representantes del mundo cofrade y numerosos fieles. La capilla lucía engalanada para la ocasión y se convirtió, desde entonces, en el corazón espiritual de una hermandad que comenzaba a escribir su historia.

Sin embargo, aquel prometedor comienzo tuvo una vida demasiado breve. La noche del 11 al 12 de mayo de 1931, en medio de los graves disturbios que sacudieron Málaga, Santo Domingo fue pasto de las llamas. El incendio destruyó gran parte del templo y arrasó un patrimonio acumulado durante siglos. Entre las pérdidas se encontraban el retablo del Prendimiento, así como las imágenes originales de Jesús y Judas realizadas apenas unos años antes por Castillo Lastrucci.
Casi un siglo después de aquellos acontecimientos, podemos volver la mirada hacia aquella capilla desaparecida. Más allá de la pérdida material, su historia habla de la ilusión de unos hermanos que levantaron un proyecto desde sus cimientos, del esfuerzo colectivo de toda una ciudad y de una devoción que logró sobrevivir incluso a la destrucción. Porque, aunque las llamas borraron aquel rincón de Santo Domingo, nunca pudieron borrar la memoria de quienes lo hicieron posible.
La Hermandad del Prendimiento desea expresar su agradecimiento a la Archicofradía del Paso y la Esperanza y, de manera especial, a su archivera, Lidia Henares, por su colaboración y generosa disposición para la localización y cesión de la documentación que ha hecho posible profundizar en este episodio de nuestra historia.
Álvaro Muñoz Rivas