Adviento y Navidad

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En esta ocasión explicaremos brevemente dos periodos que normalmente confundimos, está íntimamente ligados, pero cabe destacar la diferencia, el primero de ellos es Adviento, periodo para la preparación a la venida de Jesús, y el segundo de ellos la Navidad, como periodo para profundizar, contemplar y asimilar el Misterio de la Encarnación del Hijo de Dios.

El Adviento marca el comienzo del Año Litúrgico y es el período de preparación para celebrar la Navidad, comienza el domingo mas cercano al 30 de noviembre. En este año 2017, comenzó el domingo 3 de diciembre finalizando el domingo 24. Es decir,  son los cuatro domingos anteriores a la Navidad y junto a  la Navidad y la Epifanía forman un bloque.

El término “Adviento” viene del latín “adventus”, que significa venida, llegada siendo el morado el color usado por la Iglesia para este periodo. Su sentido es avivar en los creyentes la espera del Señor.

La primera lectura de este tiempo están tomadas sobre todo del profeta Isaías junto a los pasajes más proféticos del Antiguo Testamento señalando la llegada del Mesías. Los modelos de creyentes que la Iglesia ofrece a los fieles para preparar la venida de Jesús son Isaías (como modelo de espera de la salvación), Juan Bautista (como figura de preparación) y la Virgen María (como modelo de creyente y Madre Inmaculada de Dios hecho hombre, salvador del género humano).

En estas cuatro semanas cada Domingo nos vamos preparando para la venida del Señor. La primera está centrada en la venida del Señor al final de los tiempos, la liturgia nos invita a estar en vela, manteniendo una especial actitud de conversión. La segunda a través de Juan el Bautista nos anima a mantener una actitud de permanente conversión. La tercera preanuncia ya la alegría mesiánica, pues ya está cada vez más cerca el día de la venida del Señor y finalmente, la cuarta semana, nos habla del advenimiento del Hijo de Dios al mundo siendo María la figura central, y su espera nuestro modelo de espera, en estos días que van del 16 al 24 de diciembre nos preparan específicamente para las fiestas de la Navidad viviéndolos con más alegría, por la cercanía del cumplimiento de lo que Dios había prometido.

Durante este periodo encontramos en el altar la “Corona de adviento”, de forma circular, el círculo no tiene principio ni fin, al igual que el amor eterno de Dios. Está decorado con ramas verdes, color de la esperanza y la vida, esperanza en la gracia, el perdón de los pecados y la vida eterna y de la presencia de Cristo con nosotros. En esta corona encontramos cuatro cirios o velas de colores (morado que representa el espíritu de la vigilia, verde, la esperanza, rojo la alegría de la cercanía del Salvador y blanco, la presencia luminosa de Jesús) que se irán prendiendo domingo a domingo. Cristo es “luz del mundo” (Jn 8, 12).  Después de la primera caída del hombre, Dios fue dando poco a poco una esperanza de salvación que iluminó el universo como las velas la corona. Las flores o frutos rojos que adornan la corona representan los frutos del Edén con Adán y Eva que trajeron el pecado al mundo pero recibieron también la promesa del Salvador Universal.

Durante el Tiempo de Navidad celebramos la redención del hombre gracias a la presencia y entrega de Dios; recordamos que Dios se hizo hombre y habitó entre nosotros. Cristo como luz del mundo acaba con las tinieblas del pecado para mostrarnos el camino a seguir. Con su luz nos muestra la verdad de nuestra existencia. Cristo mismo es la vida que renueva la naturaleza caída del hombre. La Navidad celebra esa presencia renovadora de Cristo que viene a salvar al mundo.

Durante la Navidad celebramos en tres días consecutivos, 26, 27 y 28 de diciembre, tres fiestas que nos hacen presente la entrega total al Señor: San Esteban, mártir que representa a aquellos que murieron por Cristo voluntariamente. San Juan Evangelista, que representa aquellos que estuvieron dispuestos a morir por Cristo pero no los mataron. San Juan fue el único Apóstol que se arriesgó a estar con la Virgen al pie de la cruz y los Santos Inocentes que representan a aquellos que murieron por Cristo sin saberlo.

Además hay otra serie de celebraciones, Sagrada Familia (domingo siguiente a Navidad); Santa María, Madre de Dios (1 de enero); Adoración de los Magos (Epifanía, 6 de enero); Y el Bautismo de Nuestro Señor (domingo siguiente a Epifanía), con que termina el tiempo litúrgico de la Navidad.

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